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martes, 27 de septiembre de 2016

Taller ¿CÓMO APRENDEN LOS NIÑOS?


Próximo taller


Destinado a todos aquellos que quieran...

-  ...conocer cómo se desarrolla el cerebro del bebé desde la gestación y a lo largo de la infancia y adolescencia
-  ...entender qué sucede en el cerebro de un niño con dificultades de aprendizaje o comportamiento
-  ...descubrir la conexión neurológica entre emoción-movimiento-aprendizaje-relación
-  ...aprender herramientas para poder acompañar a los niños de una manera eficaz

Más información: educaraloshijos@gmail.com / 678071574

Os esperamos

sábado, 7 de mayo de 2016

TALLER "¿CÓMO APRENDEN LOS NIÑOS? CONOCE EL DESARROLLO NEUROLÓGICO"




Para que nuestra labor educadora como madres, padres y acompañantes de los niños sea fructífera es importante conocer cómo se desarrolla el cerebro en las distintas etapas y cuáles son los estímulos necesarios para favorecer una adecuada maduración emocional, motriz, cognitiva y social.

El ciclo de talleres “NEUROCIENCIA Y EDUCACIÓN” ofrece la formación necesaria para conocer las bases neurológicas del desarrollo infantil y facilita a padres y educadores recursos y herramientas prácticas para potenciar la maduración cerebral desde el respeto a los procesos individuales, tanto en el ámbito preventivo como ante la aparición de dificultades.

En esta sesión titulada “¿Cómo aprenden los niños? Conocer el desarrollo neuropsicológico para educar con eficacia” comprenderemos por qué los primeros años de vida suponen el momento más decisivo en el desarrollo neurológico de la persona, tanto en su aspecto afectivo, como cognitivo, motriz y relacional. Todo lo que ocurra en este momento dejará una importante huella en la persona para toda la vida. Conoceremos cómo es el desarrollo del cerebro desde la vida intrauterina y a lo largo de la infancia,la importancia del movimiento y la multisensorialidad para la maduración de las bases neuropsicológicas y cómo las emociones condicionan toda nuestra conducta y nuestros aprendizajes. Podremos entender qué ocurre en el cerebro de un niño con dificultades de atención, aprendizaje o comportamiento con independencia de su edad, cómo ayudarle y cómo prevenir dichas dificultades desde la primera infancia.

Más información educaraloshijos@gmail.com / 678 07 15 74


¡Os espero!

 

martes, 17 de noviembre de 2015

NEUROCIENCIA Y EDUCACIÓN



Tras el éxito y el buen ambiente de la primera sesión en la que hablamos de cómo se organiza el cerebro desde la vida intrauterina para procesar las emociones y hacer posibles los aprendizajes, nos enfocamos en la siguiente sesión sobre TDAH y Dificultades de Aprendizaje:


2.- “Dificultades de aprendizaje y TDAH: Estrategias para familias y educadores” (Domingo, 13 de diciembre) 
La prevalencia de niños que presentan dificultades para prestar atención o para controlar sus impulsos -y que en muchas ocasiones son diagnosticados de TDAH- se sitúa en torno al 10% de la población. Pero ¿qué ocurre en el cerebro de un niño o niña que presenta dificultades para aprender, para pararse cuando es necesario o para mantener la atención y concentración? Conocer ycomprender los mecanismos neuropsicológicos que subyacen a estas cuestiones es crucial para quefamilias y educadores puedan ofrecer la ayuda necesaria.
   


Y aquí va un resumen de cada una de las sesiones que faltan:



3.- “Educación Infantil: construir las bases de una personalidad equilibrada” (Sábado, 9 de enero) 
Los primeros años de vida son cruciales para una correcta organización neurológica. Si en la primera de las sesiones se abordó cómo se desarrolla el cerebro desde el momento de la gestación y a lo largo de la infancia, en ésta conoceremos qué tipo de actividades y recursos podemos ofrecer a los niños en esta etapa clave de sus vidas para que puedan llegar a ser personas equilibradas tanto a nivel emocional como motriz, cognitivo y social, desarrollando plenamente todo su potencial.

4.- “Adopción y Escuela: impacto del abandono en el aprendizaje y el comportamiento” (Sábado, 13 de febrero) 

El número de niños que adoptados o acogidos que se presentan en las aulas es cada vez mayor y es frecuente que presenten ciertos desajustes con respecto a sus compañeros. Puesto que los primeros años de vida representan un momento decisivo para la organización cerebral, aquellos niños cuya infancia ha atravesado circunstancias complicadas pueden manifestar desórdenes en su conducta y ritmo de aprendizaje. Conocer el impacto que el abandono ha tenido en sus desarrollo neuropsicológico es fundamental para saber cómo tratarles y cómo prestarles una ayuda eficaz.

5.- “Alumnxs con altas capacidades: cómo identificarlos y cómo tratarlos”  (Sábado, 12 de marzo)

Se estima que entre un 1 y un 3% de los niños en edad escolar presenta altas capacidades; sin embargo, un elevado grupo de los mismos está sin diagnosticar y en torno a un 50% de ellos presenta fracaso escolar. La realidad es que los niños de altas capacidades raramente responden al estereotipo que tenemos de ellos. ¿Cómo detectar a aquellos niños que presentan una capacidad intelectual superior a la media? ¿Cómo son, qué sienten y qué piensan los niños superdotados? ¿Cómo ayudarles a desarrollar su potencial? En esta sesión abordaremos éstas y otras cuestiones de interés para familias y educadores.



 
Aquellos que estéis interesados estáis a tiempo de inscribiros.  Para los que se perdieron la primera sesión y quieran recuperarla pueden hacerlo hablando con Noémi.


¡OS ESPERAMOS!


INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES:

events@madridactiveschool.org
678 07 15 74







sábado, 20 de septiembre de 2014

JORNADA ADOPCIÓN Y ESCUELA


El próximo sábado 27 de septiembre tendrá lugar en el Caixa Fórum de Madrid una Jornada con el nombre de Adopción y Escuela y en la que servidora tiene el honor de participar con una ponencia titulada "Neuropsicología en Menores procedentes de Adopción".  Participarán también Marga Muñiz ("Cuando los niños no vienen de París") y Sara Jonquera, directora del Centro de Atención Temprana Aytona,además del Presidente de CORA.

"Ante el inicio del nuevo curso escolar las familias y los profesionales de la enseñanza afrontamos con ilusión el nuevo reto educativo que tendrán que vivir nuestros menores procedentes de adopción.

Conocer la huella que el abandono, el maltrato o la falta de estimulación ha dejado en su psique nos permitirá comprender mejor sus capacidades y aptitudes.  Si además podemos adquirir destrezas, pautas y guiños educativos para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje en el contexto familiar y de aula estaremos en condiciones óptimas de disfrutar del avance educativo que les depara el nuevo curso."

Para aquellos que estéis interesados podéis inscribiros poniéndoos en contacto con María Zapata en el teléfono 675 91 88 50.

Habrá servicio de guardería para mayores de 2 años.







¡OS ESPERAMOS!



miércoles, 23 de abril de 2014

NEUROPSICOLOGÍA DEL ABANDONO Y EL MALTRATO INFANTIL



Os comparto que recientemente se ha publicado en Hilo Rojo Ediciones un libro escrito en colaboración por quince autores -entre los que tengo el honor de encontrarme- llamado “Neuropsicología del abandono y el maltrato infantil”. En él se describe el impacto que tiene en el cerebro en desarrollo de los niños la falta de cuidados adecuados en la primera infancia y cuáles son sus consecuencias a nivel emocional, cognitivo y social.

Creo que puede ser un recurso muy interesante para todos aquellos profesionales que trabajáis en el ámbito de atención a la infancia (maestros, profesores, orientadores, educadores, pediatras... -¡qué decir de aquellos que estéis en el sistema de protección de menores!-), así como para aquellos que lleváis a cabo intervenciones terapéuticas con niños que en sus biografías guardan importantes arañazos y para familias adoptivas o acogedoras.

Os pego la sinopsis porque creo que es muy ilustrativa:

¿Por qué mi hijo tarda tanto en leer?¿Por qué las tablas de multiplicar van y vienen en su memoria?¿ Tiene esto algo que ver con su adopción?

Quizás con su adopción no, pero sí con su historia previa, aquella que le llevó a ser adoptado.

Durante los primeros años de vida de un recién nacido, el contacto íntimo entre madre e hijo es fundamental para el desarrollo físico, psicológico y neurológico del bebé. Somos una especie altricial, lo que significa que ese contacto con un cuidador principal se convierte en una necesidad para el desarrollo óptimo del sistema nervioso.

Pero cuando estos cuidados faltan, cuando el niño vive sin la presencia de una figura central que lo atienda, el cerebro de ese bebé se adapta a la situación para poder sobrevivir. Estas adaptaciones promueven la supervivencia a corto plazo, pero pueden perjudicar gravemente la capacidad de aprendizaje del niño en el futuro.
 Te invitamos a compartir y descargar el primer capítulo del libro aquí: https://byeink.com/b/WM

¿Quieres que te enviemos la versión impresa del libro?
Másinformación 


 

miércoles, 2 de enero de 2013

NUEVO LIBRO SOBRE TERAPIA DEL MOVIMIENTO RÍTMICO



Tengo en mis manos el libro “TERAPIA DEL MOVIMIENTO RÍTMICO. Movimientos que curan”, escrito por el Dr. Harald Blomberg. Me lo acaba de entregar personalmente Eva Rodríguez hace unos días, y es el primer ejemplar que se difunde. O sea, está recién salido del horno. Este libro es la traducción al español del libro homónimo sueco escrito por Harald Blomberg (“Rörelser som Heal”, 2008) médico psiquiatra que lleva más de veinticinco años de práctica de la terapia del movimiento rítmico tanto con niños con TDAH, dislexia y dificultades de aprendizaje, como con pacientes del espectro autista y enfermos psiquiátricos, obteniendo grandes resultados.

El Dr. Blomberg, a quien tengo el privilegio de conocer personalmente, ha ido incorporando a lo largo de los años diferentes ejercicios para ayudar a niños y adultos con dificultades e imparte cursos de formación sobre TMR en distintos países del mundo, tanto en Europa como en América, Australia y Asia. En España su representante es Eva Rodríguez -con quien me une un sincero afecto- que para mí es, además de terapeuta, maestra, compañera y hada madrina.

Os copio la contraportada del libro porque creo que es muy ilustrativa de su contenido:

“Cada vez hay más niños con problemas de atención, hiperactividad e impulsividad; se les conoce como TDAH. La mayoría de estos niños están tratados con estimulantes centrales como Ritalín y Concerta. Estas drogas son muy adictivas y en algunos casos tienen efectos secundarios. A veces el efecto calmante es inmediato pero los estudios a largo plazo han demostrado que no hay efectos positivos ni en el aprendizaje ni en el comportamiento.

En este libro, el Dr. Harald Blomberg explica por qué estos movimientos rítmicos sencillos, también conocidos como “Rhythmic Movement Training” o “Terapia del Movimiento Rítmico” (TMR), son un tratamiento más eficaz y potente que la medicación.”

Escrito en un lenguaje asequible que conjuga con gran equilibrio lo científico y lo divulgativo, constituye una herramienta imprescindible en el acercamiento al mundo de los reflejos primitivos y el desarrollo cerebral infantil.  Podéis conseguirlo en la siguiente dirección: material@reflejosprimitivos.es


Feliz Año Nuevo.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

LOS REYES MAGOS




 
Todos los años por estas fechas suelo escuchar con mucha frecuencia frases cuasi apocalípticas proferidas por padres, abuelos, profesores y adultos varios en los que, ante un mal comportamiento de los niños, se les advierte de que se van a quedar “sin Reyes”. Suelen ser comentarios de este tipo:

  • Como sigas así, no te van a echar nada los Reyes.
  • ¡¡Uy!! Como se enteren los Reyes de que te metes el dedo en la nariz no te traen nada.
  • Otro numerito como éste y te va a traer regalos quien yo te diga.
  • Los Reyes lo ven todo y saben que te estás portando mal y te van a traer carbón.
  • …

Digo yo...  Como adultos que somos, ¿no podemos recurrir a otra estrategia para manejar las relaciones con nuestros hijos? Porque, por una parte, ¿de verdad que, por mucha rabieta o mucho dedo en la nariz, no les van a traer nada los Reyes? Y por otra, ¿cómo nos sentiríamos nosotros si nos dijera nuestro jefe “como se entere el Director General, este año se queda Vd. sin vacaciones”? Lo sentiríamos arbitrario, injusto e injustificado y en cualquier caso, pensaríamos que ante diferencias de opinión respecto a nuestro trabajo siempre puede haber otro tipo de medidas a tomar.

Nuestros hijos se pasan meses esperando que vengan los Reyes... Son niños, nosotros les hemos introducido en el mundo mágico de sus majestades de Oriente sin que ellos lo pidieran y resulta injusto que, ante comportamientos propios de su edad, decidamos amenazarles con algo tan importante para ellos y a lo que, en cierto sentido, tienen derecho como niños que son. Creo que existen otras maneras de guiar el comportamiento de nuestros hijos más allá de recurrir a una amenaza tan fácil e irreal como que los Reyes no le van a traer regalos.

Si queremos que maduren, seamos nosotros mismos maduros.  Comportémonos como adultos permitiendo que ellos sigan siendo niños.


Nota: Por cierto que, ahora que van a venir los Reyes, me permito recomendaros el proyecto de Yolanda quien, con su buen hacer, os podrá ayudar con todo aquello que necesitéis para vuestro bebé. A ella, así como a Olga, Verónica, Jessica, Claudelys y las demás mamás de las clases de Estimulación, les debo un enorme Gracias por el detallazo que han tenido conmigo.


domingo, 25 de noviembre de 2012

NIÑOS QUE NO APRENDEN



Una consulta muy habitual -y mucho entre familias adoptivas- es que los niños no aprenden de las consecuencias o de los castigos.  Los papás suelen manifestar cosas como ésta:
   
–        Le castigamos y no sabe por qué
–        Por mucho que nos enfademos, parece que no nos toma en serio
–        Sabe cuáles son las consecuencias porque se lo hemos repetido mil veces, pero parece que se le olvida
–        No aprende de los castigos ni de las consecuencias
–        Parece que quiere que le castiguemos, porque una y otra vez hace lo mismo
–        Vive en el aquí y ahora, no hay ni pasado ni futuro
–        Es incapaz de darse cuenta de que si hace tal o cual cosa, va a haber consecuencias
–        Ya no se acuerda de lo que pasó ayer, ni de lo que hizo ni de que estuvo castigada
–        No se sabe poner en el lugar del otro ni ver por qué a su hermano le molesta que haga eso

Junto con eso suelen presentarse dificultades emocionales y a veces cognitivas.  Son niños que parecen no responder a las habituales pautas de modificación de conducta (refuerzos, consecuencias) y se les califica de desafiantes, desobedientes, retadores.  Niños que, cuando se sienten amenazados, estallan de ira o bien se quedan congelados o bien se desmoronan y se vienen abajo.  En cualquier caso los padres se encuentran desconcertados y no saben -y es comprensible- cómo manejar la situación.

Normalmente, ante un niño que presenta estos rasgos y más cuando detrás hay una familia que se ocupa y se preocupa del crío, de querer ayudar y no sólo de querer adiestrar, nos encontramos con algún tipo de inmadurez en su sistema nervioso que no permite que el niño se regule de otra manera.  Me explico:

Ya hemos hablado alguna vez de que nuestro cerebro tiene tres pisos.  El de más abajo, el tronco del encéfalo, lo compartimos con los reptiles.  El del medio, el sistema límbico, con los mamíferos.  El de más arriba, el córtex, es el propio de los homínidos.  Toda la maduración neurológica tiene que darse de abajo arriba; sin embargo, cuando en los pisos de abajo hay lagunas, los síntomas siempre los vamos a ver arriba, en forma de dificultades de aprendizaje o de comportamiento. 

A menos que tengamos una gran madurez, en situaciones de estrés siempre van a tomar el control del cerebro los pisos de abajo y a responder conforme a su programa propio.  Cuando un niño se siente inseguro o amenazado (sea de la manera que sea), la parte de su cerebro que normalmente va a tomar el mando de la situación es el tronco del encéfalo.  Este tronco del encéfalo dirige respuestas automáticas (los reflejos primarios, por ejemplo) como mecanismo de supervivencia; hemos dicho anteriormente que es un nivel compartido con los reptiles (también se le conoce como cerebro reptiliano) y los reptiles ni sienten ni aprenden; ni tienen capacidad emocional -por ejemplo, no cuidan a sus crías, incluso a veces se las comen- ni estructura que permita un almacenamiento en la memoria ni un aprendizaje -el hipocampo, sede de la memoria, se encuentra en el segundo piso-.  Los reptiles viven en el aquí y el ahora: ni el pasado ni el futuro existen, sólo existe el presente y la pura supervivencia.  Los reptiles funcionan a base de estímulo-respuesta de manera inmediata y automática, sin archivar en su memoria aprendizaje de ningún tipo, sin conectarlo con lo emocional, sin asociar acción y consecuencias, sin capacidad para anticiparse y prever el enojo de los padres o el castigo. 

Por lo tanto, en situaciones de estrés no hay aprendizaje, sólo supervivencia.  Por eso hay niños que cuando se descontrolan son incapaces de recordar que tal o cual conducta conlleva unas consecuencias, que ayer estuvieron castigados o que el castigo de ahora obedece a algo que han hecho.  Y por lo mismo, cuando se les regaña o castiga no entienden el porqué ni son capaces de incorporarlo como un aprendizaje que les permita mejorar su conducta.

La solución no es fácil pero pasaría primero, por entender por qué los niños se comportan como lo hacen (no es por maldad, es porque no pueden hacer otra cosa); segundo, por reducir al mínimo todos los factores que puedan causar estrés -incluidos gritos, amenazas, castigos, comparaciones, reproches etc.- y aumentar los que generan seguridad, afecto y contención –mucha presencia de los padres, juegos compartidos, contacto físico, más casa y menos extraescolares etc.- y tercero, en el caso de que veamos que aún así los niños no evolucionan como se espera, contemplar la posibilidad de realizar un programa estimulación que permita madurar ciertas áreas cerebrales de abajo arriba para que el niño no esté a merced de respuestas que no puede controlar sino que cada vez sea más capaz de regularse por sí mismo.


jueves, 8 de noviembre de 2012

LA AUTOESTIMA DE LOS HIJOS: EL ELOGIO


Una de las actividades de mi trabajo profesional, con la que -dicho sea de paso- disfruto muchísimo, es la escuela de padres. Durante estas semanas estoy yendo a un colegio en las afueras de Madrid en el que tengo un grupo que es una joya: son quince mamás motivadas, implicadas y muy participativas que comparten, confrontan, cuestionan, reflexionan y trabajan acerca de diversos temas relacionados con la dinámica familiar. En estas dos últimas semanas hemos hablado sobre la comunicación en la familia y sobre la autoestima de los hijos. Como veo que sus bolis y sus cabezas echan humo y que tanto ellas como yo, a pesar de estirar las dos horas que tenemos, nos quedamos con la sensación de que nos falta tiempo, he decidido dedicar algunas entradas a completar los temas que trabajamos. Así que mamás de la Escuela de Padres, ¡va por ustedes!


Un arma de doble filo

El elogio constituye una poderosa arma para favorecer la autoestima de los niños. Pero puede ser un arma de doble filo, si no lo utilizamos de la manera adecuada. Si nuestros elogios son excesivamente generales, exagerados o están envenenados, pueden surtir el efecto contrario.

Me explico: Si un niño viene a enseñarnos su dibujo y le decimos “muy bien, muy bonito”, es posible que el niño se sienta evaluado o que incluso perciba que lo decimos de manera automática sin habernos tomado el tiempo ni la molestia de analizar el resultado de su esfuerzo. A veces, incluso, puede pensar que lo decimos para que se vuelva a ir por donde ha venido.

En cuanto al elogio exagerado, si ante este mismo caso le decimos “¡qué dibujo tan increíble, eres el mejor pintor del mundo!”, puede pensar que en su clase hay niños que dibujan mucho mejor, que lo decimos con segundas o puede provocar una negativa (“el mejor pintor del mundo, ¡si lo he hecho deprisa y corriendo!”)

Por lo que respecta al elogio envenenado, me refiero a cuando utilizamos un piropo para lanzar una pulla, por ejemplo “¡qué bonito dibujo! ¡ya podías esmerarte igual en recoger la habitación...!”


El elogio efectivo

Así que, teniendo en cuenta que la comunicación es la única manera que tenemos de transmitir a los hijos lo que sentimos y pensamos sobre ellos, y de que el elogio supone una inestimable herramienta para potenciar su autoestima siempre que la utilicemos de una manera adecuada, vamos a dar algunas pistas sobre cómo elogiar:

  • Describe lo que ves, con cierto entusiasmo y estimación.
  • Expresa cómo te sientes.
  • Pon palabras a lo que puede experimentar el niño.


Ejemplo: Llega nuestro hijo con un dibujo y, ante el Picasso en ciernes exclamamos: “Veo que has hecho un montón de círculos de diferentes colores, unos más grandes y otros más pequeños... Además, has combinado varios colores. Me encanta el dibujo, me resulta muy alegre. Imagino que te ha llevado un rato hacerlo”.

Otro ejemplo: Vemos que nuestra hija preadolescente, poco amante del orden en su habitación, se ha hecho la cama. Lejos de soltar una ironía, sería mucho más efectivo decir algo de este tipo: “Veo que te has hecho la cama, cosa que me alegra mucho y te agradezco, aunque supongo que te habrá costado tu esfuerzo”.


¿Cuál es la ventaja de este tipo de elogio? Por una parte, los niños no se sienten evaluados (lo han hecho bien, mal, bonito, feo, lo cual puede significarles que son buenos, malos, regulares...). Por otra, reciben el mensaje de que nos tomamos tiempo suficiente como para analizar su trabajo y su esfuerzo, es decir, que ellos y lo que ellos hacen, nos interesa. Con esto lo que conseguimos el devolverles un feedback más o menos objetivo de su acción y que sean ellos mismos quienes valoren su trabajo y “se elogien” a sí mismos: Si soy capaz de hacer algo valioso es porque yo mismo soy alguien valioso. Por último, será un fuerte estímulo para repetir lo que está bien, incluso para mejorar. Este aspecto es tan importante que, a veces, cuando nos enseñan algo que no acaba de estar bien realizado, el hecho de fijarnos en lo positivo y señalarlo, actúa como indicador y aliciente para que corrijan lo que está mal sin necesidad de decírselo. En el ejemplo de la cama, si añadimos un “veo que por esta parte, además, no tiene ni una arruga, con lo difícil que es conseguir eso”, seguramente la próxima vez se esfuerce en no dejar ninguna arruga ni por esa parte ni por ninguna otra. Pero ¡ojo!, vuelvo a recordar que no puede haber ningún atisbo de ironía ni de segundas intenciones porque el efecto, entonces, sería el contrario.


El elogio siempre ha de ser sincero y entusiasta pero sin sobreactuar (los niños lo captan al vuelo). Si además, con tacto y discrección, lo comentamos con otro adulto en un momento en el que los niños nos puedan escuchar, el impacto que tendrá en ellos será mucho más potente. Por ejemplo, cuando veamos a nuestra pareja, podemos decirle “Me he llevado un alegrón enorme cuando he visto que esta mañana Lucía se ha hecho la cama” o “no sabes qué dibujo ha hecho Pedro, lleno de colores, me ha encantado”.


Si cada día intentamos utilizar esta estrategia con nuestros hijos, aunque sea una sola vez, iremos viendo cómo su actitud y su autoestima mejoran considerablemente.




lunes, 15 de octubre de 2012

¡FUERA ETIQUETAS!

 Mi muy apreciada Rosina Uriarte, en su blog Estimulación Temprana y Desarrollo Infantil, nos ofrece esta interesante entrada, en consonancia con nuestra última publicación sobre el TDAH.  Gracias, Rosina, por dejarnos compartirlo.
Cada día más y más niños están recibiendo un diagnóstico que en la mayoría de los casos, le acompañará toda la vida.
Porque quienes ponen los diagnósticos a nuestros hijos nos advierten de que estos "nombres" hacen referencia a trastornos "crónicos".
Muchas veces ocurre que un niño obtiene varios diagnósticos. Que los diagnósticos se solapan y comparten síntomas. Ocurre también que dependiendo del profesional que evalúa al niño, éste puede salir de la consulta con unas siglas u otras (TDA-H, TEA, TGD, TEL ...). Los diagnósticos no excluyen síntomas de otros diagnósticos y se aplica el mismo a niños muy diferentes unos de otros.
El diagnóstico al fin y al cabo no tiene tanta relevancia. Porque sólo nos habla del síntoma más evidente en un niño con dificultades.

Por esto debemos darle al diagnóstico sólo la importancia que tiene: de cara a saber cómos solucionar el problema. Lo que ocurre es que muchas veces el diagnóstico nos lleva a la medicación y poco más (especialmente en el caso del TDA-H). No nos lleva a la solución real de lo que nos preocupa.

Las madres y padres conocemos bien a los niños, sabemos por lo que están pasando, independientemente del nombre que le pongan los profesionales. Pero necesitamos conocer bien el problema desde el punto de vista del desarrollo del niño para saber cómo trabajarlo.

Cuando los profesionales nos dicen que los trastornos son crónicos, en realidad lo que quieren decir es que "ellos" NO tienen la solución al trastorno. 
Sin embargo, los profesionales expertos en desarrollo infantil que trabajan con nuestros hijos buscando la solución al problema, no colocan siglas ni ponen nombres. Se centran en conocer bien el trastorno para saber cómo atajarlo en la medida en que sea posible.
La vía del diagnóstico y las etiquetas nos lleva a la "cronicidad" y a la medicación que "tapa" síntomas mientras dura su efecto (sin mencionar los posibles efectos secundarios negativos).

Lo que realmente nos interesa es solucionar los problemas de forma definitiva. Sin nombres. Sin catalogar a nuestros hijos. Viéndoles como los niños y los jóvenes que son, luchando siempre a su lado por lograr su felicidad y la nuestra.
Rosina Uriarte

lunes, 4 de junio de 2012

¿NIÑOS INTELIGENTES?

Hace unos días me comentaba una de mis mejores amigas que nota que su hijo, un niño de 6 años muy espabilado, a veces se comporta de forma un tanto sabionda con otros niños de su alrededor y le preocupa que ello pueda generar rechazo en los demás niños. Me decía que, por ejemplo, asiste a una actividad extraescolar donde claramente lleva la delantera del grupo y que, en ocasiones, evidencia su superioridad en la materia provocando cierta molestia en los otros.



La verdad es que todos deseamos que nuestros hijos sean listos pero, ¿qué sucede cuando “se pasan de listos”, es decir, cuando sus capacidades -ya sea dentro o fuera de la sobredotación- están por encima de la media de su entorno y ellos, conscientes de esa circunstancia, se sienten mejores que los demás?. ¿Cómo ayudarles a vivir su capacidad de forma positiva sin que ello le genere dificultades a nivel social?

  • Comprenderles: los niños muy inteligentes se sienten diferentes y ello puede hacerles sentir incomprendidos y solos. Es preciso entender que su comportamiento a veces extraño, puede deberse a este sentimiento de incomprensión.

  • Valorar lo positivo: es un error no valorarles “para que no se lo crean”. Ellos, lejos de “creérselo” ya saben que son muy inteligentes y como todos, para ser felices y tener una buena autoestima, necesitan sentirse aceptados y valorados.

  • Afrontar con naturalidad sus logros y fracasos: a veces caemos en transmitirles sorpresa e incluso decepción, cuando no logran algo y decimos cosas del tipo “pero con lo bien que se te da ¿cómo no sabes hacerlo?”, lo cual les hace sentir incompetentes y fracasados.

  • Enseñarles a descubrir sus talentos y sus limitaciones, en sí mismos y en los demás: todos tenemos nuestros puntos fuertes y débiles y necesitamos aceptar unos y otros como parte de la vida. Enseñarles que los demás también tienen cosas buenas o pueden destacar en ciertos aspectos les ayuda a vivir con sencillez su capacidad.

  • Fomentar que vivan su capacidad como servicio a los otros: cuando vean que un niño no sabe algo, en lugar de ridiculizarlo o alardear, pueden enseñarle cómo se hace o ayudarle a que lo aprenda. Ello les hace sentir valiosos porque su capacidad sirve para que otro se sienta mejor, lo cual es una riquísima fuente de crecimiento personal y lejos de fomentar rechazo, favorece la aceptación por parte de los otros.

¿Tenéis vosotros alguna experiencia de este tipo con vuestros hijos?

domingo, 6 de mayo de 2012

ADOPCIÓN Y APRENDIZAJE

A continuación reproduzco un artículo sobre ADOPCIÓN Y APRENDIZAJE que he tenido el gusto y el honor de publicar en el primer número de la REVISTA FAMILIA Y ADOPCIÓN.  Habrá partes que os suenen puesto que algunos fragmentos ya han sido publicados en este blog.  Éste que acompaño es el texto íntegro.  Para quienes no lo conozcáis, el  INSTITUTO FAMILIA Y ADOPCIÓN es una entidad integrada por profesionales de distintos ramos -a quienes les une en su mayoría el hecho de ser padres o hijos adoptivos-, cuyo objetivo es el de asesorar y apoyar a las familias adoptivas en sus diferentes necesidades.   Para acceder a la totalidad de la revista, podéis hacer clic aquí.  Creo que es una publicación de gran interés para familias adoptivas y os animo a todos a conocerla.

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Es frecuente que los hijos adoptados, al llegar a casa, muestren grandes avances en muchos aspectos. El aprendizaje de la nueva lengua, por ejemplo, suele ser de los más llamativos. Sin embargo ocurre que al empezar la escuela, o al comienzo de la educación primaria, nos encontramos con que pueden existir retrocesos, con que los maestros nos comunican que los niños no avanzan al ritmo de sus compañeros, que van con retraso, que muestran dificultades para adquirir ciertas habilidades o que manifiestan lagunas que, según va pasando el tiempo, van creciendo. Al principio nos dijeron que cada niño tiene su ritmo, que era cuestión de tiempo, que los niños son esponjas. Con el devenir de los cursos académicos, los retos escolares se van haciendo cada vez más complejos y aquel niño activo y espabilado se va quedando rezagado, a pesar del mucho esfuerzo suyo y de su familia. Es entonces cuando empiezan a surgir los diagnósticos y las etiquetas y cuando aflora el concepto de “dificultades de aprendizaje”. Es entonces, también, cuando los padres nos encontramos desorientados y contra las cuerdas de un sistema educativo poco flexible y que a menudo carece de herramientas para ayudar a nuestros hijos.



¿Qué son las dificultades de aprendizaje?

Por dificultades de aprendizaje entendemos un grupo heterogéneo de alteraciones que constituyen un obstáculo para que el niño, cuya capacidad intelectual se encuentra dentro de los parámetros de la normalidad, consiga la adquisición de las habilidades, destrezas y conocimientos necesarios para afrontar con éxito los retos escolares.

Así nos encontramos con niños que, a pesar de saberse las letras tienen dificultades para conseguir leer o para hacerlo con fluidez, muestran una escasa comprensión lectora, segmentan mal las palabras (juntan o separan incorrectamente), no entienden los conceptos de unidades y decenas, tienen despistes en la aritmética combinando sumas y restas en una misma operación, se muestran incapaces de aprehender conceptos abstractos, confunden el uso de los contrarios, de los adjetivos, de los verbos, de las preposiciones, no consiguen dominar las coordenadas espacio-temporales (delante, detrás, hoy, ayer, mañana, días, meses, años, estaciones...), se les olvida inexplicablemente lo aprendido y un largo etcétera que seguro que bulle en estos momentos en la cabeza de muchos lectores.


¿Todos los niños adoptados tienen dificultades de aprendizaje?

Las dificultades de aprendizaje tienen mucho que ver, como explicaremos a continuación, con la estructuración del cerebro. Esta estructuración se adquiere desde el periodo prenatal y se extiende, aproximadamente, hasta los seis años de edad. Todo lo que haya ocurrido en ese tiempo va a influir en la configuración de la mente para aprender, por lo que las circunstancias que haya vivido cada niño van a condicionar su forma de aprender y la aparición, o no, de dificultades de aprendizaje. En general, no obstante, podemos afirmar que niños que han vivido abandono, institucionalización o cualquier tipo de malos tratos (incluyo aquí los de tipo afectivo-emocional) sufrirán en mayor o menor medida las consecuencias de esa privación en su primera infancia que se traducirán, entre otros aspectos, en dificultades de aprendizaje.

¿Cómo se organiza el cerebro para aprender?

Imaginemos que nuestro cerebro es una biblioteca. Cuando nacemos, nos dejan un edificio entero para que lo acondicionemos, hagamos todas las obras que sean necesarias y dispongamos de todos los recursos para echar a andar una biblioteca. Nos dan tres años. En ese plazo, podemos hacer maravillas. Grandes ventanales, claraboyas, mesas y sillas, estanterías por doquier, rincones de estudio, de consulta, salas para niños... ¡una cafetería! El día que nos traen los libros, cada uno tiene su lugar que hemos estado cuidadosamente preparando. No hay más que agarrarlo y llevarlo a su estante correspondiente, anotándolo en el fichero informático de última generación que nos han instalado. Así, cuando alguien desee consultarlo, lo encontraremos a la mayor brevedad y la persona tendrá un montón de espacios para disfrutar de su lectura y sacar lo mejor de él. Todo está organizado, etiquetado, claramente indicado.

Ahora imaginemos otro caso: nos dejan un edificio entero y nos dicen que mañana nos traen varios camiones de libros para que lo hagamos funcionar como una biblioteca. ¿Os imagináis el caos? Un edificio sucio, oscuro, sin acondicionar, sin salas preparadas, sin mesas, sillas, ni ventanales... ¡sin estanterías! Tal y como nos dijeron nos descargan camiones y camiones de libros que se van amontonando por el suelo para nuestra desesperación. ¡Imaginaos cómo nos tiemblan las piernas cada vez que viene alguien a pedir un libro! ¿Alguien, de verdad, piensa que esas dos bibliotecas pueden rendir igual?

El hecho de que esta última biblioteca no funcione como se espera, ¿significa que somos malos bibliotecarios? Evidentemente no. ¿Es que no tenemos capacidad para gestionar adecuadamente una biblioteca con la misma eficiencia que otros? No tiene porqué. ¿Es que somos más lentos o tenemos otro ritmo? No necesariamente. Lo que ocurre es que el punto de partida es radicalmente distinto. La relación entre tiempo de preparación y recursos en uno y otro caso, es incomparable, por lo que resulta de todo punto injusto comparar, valga la redundancia, el rendimiento de ambas como si las condiciones primeras hubieran sido iguales.

Este desajuste entre tiempo y oportunidades para organizar el cerebro para aprender, es lo que sucede en las cabecitas de muchos niños que sufren las llamadas “dificultades de aprendizaje” . No es que no tengan capacidad, es que no han disfrutado de los recursos necesarios para prepararse.


Un cerebro con tres pisos

Nuestro cerebro tiene tres pisos, uno encima del otro. El de más abajo, el más primitivo, se llama tronco del encéfalo y lo compartimos con los peces y los reptiles. Regula las funciones de supervivencia (respirar, comer, dormir, atacar, huir) que tienen mucho que ver con lo instintivo. El del medio, el sistema límbico -compartido con otros mamíferos-, es la sede del mundo emocional. Por último, el neocórtex o corteza superior, es donde se realizan las funciones de la llamada “inteligencia”: hablar, entender, leer, escribir, realizar operaciones matemáticas, desarrollar el razonamiento lógico, elaborar el pensamiento abstracto, interpretar música, crear obras artísticas, poner en marcha la investigación etc.


Utilizando una metáfora, si nuestro cerebro fuera una casa, resulta claro que si el piso 1 y el piso 2 no están bien cimentados, el piso 3 no podrá sostenerse bien. Es decir, si el tronco del encéfalo y el sistema límbico no están lo suficientemente maduros, no se puede desarrollar de modo adecuado el neocórtex. Esos cimientos de los pisos inferiores, del tronco del encéfalo y el sistema límbico, se ponen en los primeros meses y años de vida a través de la estimulación y el movimiento de los bebés. Aquellos niños que han vivido una serie de privaciones no pueden tener los pisos primero y segundo en condiciones de soportar un tercer piso. Así pues, si queremos ayudar a los niños a superar sus dificultades de aprendizaje, los esfuerzos deben ir dirigidos a reforzar los pisos de abajo pues, mientras no pongamos las baldosas que faltan, los conocimientos que lleguen al tercer piso (todos los contenidos escolares), se seguirán cayendo al vacío -y por eso, misteriosamente, aprenden algo muy bien y al día siguiente ¡ha desaparecido!-.


El andamiaje inicial

Cuando venimos al mundo lo hacemos en unas condiciones de inmadurez y vulnerabilidad nada comparables a otras especies. Debido al tamaño de nuestro cerebro y a la estrecha pelvis de nuestras madres por el hecho de caminar erguidas, nacemos antes de tiempo y necesitamos meses para “acabarnos”. Para valernos en ese tiempo, la naturaleza nos ha dado un pack de supervivencia llamado “reflejos primarios”. Estos reflejos son movimientos involuntarios que generan una serie de reacciones en nuestro cerebro para permitirnos sobrevivir en un mundo en el que no tenemos ni idea de qué hacer. Por ejemplo, el reflejo tónico asimétrico del cuello que es aquél por el que los bebés extienden el brazo y la pierna cuando giran la cabeza -como aún no tienen control sobre la respiración, su cuerpo necesita que sus vías aéreas, nariz y boca, se encuentren el camino despejado y así, cuando el bebé gira la cabeza, extiende el brazo para no quitarse el aire-. Bueno, pues estos reflejos, a medida que vamos madurando y conociendo mejor el entorno, se hacen innecesarios y van siendo sustituidos por respuestas voluntarias más maduras, regidas por otros centros cerebrales más sofisticados.

Y he aquí un gran descubrimiento. Aquellos niños que no han tenido un entorno normalizado en esos primeros meses y años, no han podido llegar a prescindir de esos reflejos primarios y por lo tanto, no han podido desarrollar completamente respuestas más maduras, con la consiguiente falta de maduración de otras regiones cerebrales superiores. Así nos encontramos con niños que con 7 años presentan vestigios de reflejos que tendrían que haber desaparecido en los primeros meses de vida. Y esa presencia bloquea el desarrollo de los pisos de arriba del cerebro. Diversas investigaciones han establecido las correspondencias entre los reflejos primarios aberrantes y las dificultades de aprendizaje.

Frente a esto, se han puesto en marcha distintas terapias que lo que buscan es “recrear” los estímulos que tiene el bebé y que le permiten madurar esas áreas subcorticales del cerebro e integrar los reflejos, para aplicarlas a niños mayores. Sally Goddard y Peter Blythe lo hacen en Inglaterra, Doman y discípulos en Estados Unidos y Harald Bloomberg en Suecia y otros países de Europa.


Los sentidos: nuestras ventanas hacia el mundo

Además de la integración de los reflejos primarios es imprescindible que otros factores neuropsicológicos, que constituyen las bases del aprendizaje, gocen de una perfecta funcionalidad. Me explico: todo lo que percibimos del mundo exterior, lo hacemos a través de los sentidos de la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y el movimiento. Toda esta información sensorial -que además se da de modo simultáneo- tiene que entrar ordenadamente y colocarse en su correspondiente lugar para poder ser interpretada. Volviendo a la imagen de la biblioteca: si tenemos estanterías para guardar los libros, todo estará en orden y funcionará bien; si no tenemos medios adecuados para su organización, nos sumiremos en un caos que irá in crescendo. Es decir, si el sistema visual, auditivo, táctil..., están correctamente desarrollados, los estímulos provenientes del mundo exterior podrán interpretarse, almacenarse y relacionarse dentro de nuestra cabeza con facilidad. Pero si no lo están, la información del exterior no va a poder integrarse ni ser utilizada, sino que se convertirá en un bombardeo imposible de manejar. Esa preparación del cerebro para integrar los estímulos tiene lugar, nuevamente, en los primeros meses y años de vida. Por lo tanto, aquellos niños que han carecido de un entorno normalizado que les permitiera organizar su cabecita para entender el mundo, pueden estar sufriendo problemas de integración sensorial que les dificulten el procesamiento adecuado de la información.

Junto con eso, el funcionamiento de los sistemas auditivo, visual y vestibular debe de ser impecable para poder enfrentarse con éxito a los aprendizajes escolares. Y aquí quiero hacer una precisión: no se trata sólo de oír dentro de los umbrales normales de audición. Es imprescindible que el oído esté “bien sintonizado” en todas las frecuencias para poder discriminar los sonidos del lenguaje. Con respecto a la vista, no es suficiente con ver bien o con llevar gafas, si es el caso. Es necesario que nuestra cabeza interprete correctamente la información visual. Por su parte, la lateralidad tiene que estar establecida antes de entrar a la etapa de educación primaria y problemas de organización lateral tales como ambidextrismo, lateralidad sin definir o lateralidad cruzada han de solucionarse para que se puedan desarrollar aprendizajes como la lectura, la escritura, las matemáticas o la orientación espacio-temporal.



¿Qué se puede hacer?

Hasta aquí hemos expuesto una somera explicación de las causas de las dificultades de aprendizaje. Sin embargo, no podemos quedarnos sólo en saber por qué se producen. Es fundamental conocer qué se puede hacer para solucionar los problemas de aprendizaje desde el origen mismo de sus causas y no sólo desde los síntomas que presentan.

Si bien el abanico de terapias es grande y excede el objetivo de este artículo, no podemos dejar de hacer mención a las siguientes:

  • Terapia de Movimiento Rítmico y reflejos primitivos.
  • Terapia de Integración Sensorial.
  • Entrenamiento Visual y Auditivo.
  • Programas de reeducación de la lateralidad.
  • Programa de desarrollo neuromotor y táctil.

En cualquier caso, será necesario que un especialista en la materia valore las dificultades específicas y determine un programa personalizado de intervención neuropsicológica para la superación de los problemas de aprendizaje. Requiere tiempo y perseverancia, pero los resultados merecen la pena.